Vencedor del alba
“Mi forma de componer, que empieza por las melodías, creo que es una actividad que tiene mucho de mágico o inexplicable. En algún punto uno es como una antena que, quién sabe por qué motivo, captura una melodía que anda dando vueltas por ahí. Ese momento de, llamémosle inspiración, es inexplicable y me gusta que así sea”. Hace decenas de años que un montón de eruditos se vienen rompiendo la cabeza para figurar cómo es el estado del compositor ante la irrupción de la belleza. “Uno es como una antena”, dice Seba Rubin y les clausura la boca con cierres y velcros y zipps y botones a todos.
¿Qué sucede luego de caer la inspiración?
Después llega una etapa lúdica, en la que uno juega con las notas y las arma y desarma hasta encontrar una línea más definida, una forma más cancionera. Y finalmente, la etapa más racional, en la que con recursos existentes, se trata de maximizar el potencial melódico de la canción con una armonía y un ritmo acordes.
Si la melodía inicial sobrevivió a estas etapas, que pueden durar minutos o meses, ahí dejo que ésta me “dicte” la letra. Sólo trato de poner en palabras lo que la melodía me transmite. Así que, finalmente, contestando tu pregunta, creo que la inspiración está en la música misma, tamizada por las experiencias y vivencias que uno pueda tener en el momento que aparecen las melodías.

Rubin es un vencedor del alba, pero no se alimenta solo a esas horas, lo secundan unos que subtitulan su luminosidad, con quienes editó recientemente Desayuno de los Campeones. “Es un disco al cual le puedo hacer el mayor de los elogios desde el punto de vista de quien lo compuso y es que es un álbum que nos sorprendió mucho a nosotros mismos. Cuando empezamos el proceso de maquetar las canciones a principios de 2008, había cosas que no nos convencían demasiado de las canciones, pero con el tiempo, la grabación e incluso la mezcla, Desayuno… nos conquistó a todos sobrepasando nuestras propias expectativas. En algún punto encontramos elementos y conexiones entre los temas que no habíamos previsto conscientemente”.
¿En qué se diferencia del disco anterior de Rubin y los Subtitulados, Esperando el fin del mundo?
Es un disco con una energía muy matinal, y yo creo que la principal diferencia con el disco anterior, desde el punto de vista de las letras o el concepto si se quiere, radica en que mientras ese era un disco que hablaba del amor o de los vericuetos del amor en todas sus formas, a Desayuno de Campeones lo atraviesa una sensación de ansiedad y de insomnio. Musicalmente también es diferente, es más directo y guitarrero y tiene una impronta más de banda quizás, aún cuando el anterior también había sido concebido así.
En el disco, además del aporte de Los Subtitulados, mi banda estable, tocaron los bronces de Satélite Kingston, Xoel López de Deluxe (España) que cantó en Los Encerraditos y tocó la guitarra en Quiero que me vengas a buscar, donde también aportó lo propio Mariano Martínez de Attaque 77.
¿Cómo surgió la colaboración artística de Liniers en el tema Los Encerraditos?
Con Liniers nos conocemos hace años, desde los días de Grand Prix. Él es un tipo al que le encanta la música y en algún punto creo que su gran sueño o frustración es ser/no ser músico. Y aunque siempre se asoció con la música desde sus tiras, el arte de tapa o incluso invitándonos a varios músicos a tocar en las presentaciones de sus libros, su presencia siempre fue tangencial.
Así que en una cena en su casa le propuse que escribiésemos una canción juntos y así nació Los Encerraditos. Al poco tiempo me contó de su idea de escribir sobre la gente que se muda a vivir a barrios privados y como la temática me pareció bastante Kinks, y yo tenía una melodía que podía acercarse a ese timbre, le mandé el demo de la misma y así pusimos en marcha un ida y vuelta que terminó con la canción (en)cerrada.
¿Cómo es, para vos, trabajar en co-autoría, tal como hacés con Federico Novick?
Escribir en co-autoría, como en este caso o como hago más a menudo con Fede Novick, me ayuda a abrir un poco el juego de la lírica de mis canciones, a incorporar otros puntos de vista y enriquecerlas. No siempre funciona, claro, pero me parece que es una manera de experimentar con palabras e ideas que no son propias, con registros y timbres que podrían en principio aparecer como ajenos a la imaginería de uno y que también te obligan a cantar y tocar de un modo distinto.

Como muchos compositores nacionales, Rubin larga su carrera sobre el pentagrama musical de los ciclotímicos ‘90. “Grand Prix nació a mediados de los 90s pero sus dos discos, Hogar y Lejos salieron en 2000 y 2002 respectivamente. De todos modos, esos primeros años coincidieron con una escena dentro del pop mundial en la que se recuperaron las melodías y el concepto cancionero de los 60s y creo que eso es lo que hizo de esos años muy ricos musicalmente, si es que, como a mí, te gusta esa clase de música.” Pero para él la débil trascendencia fue una posibilidad factible que supo hacerlo cambiar de planes y madurar su prestigio. “Lamentablemente, los discos pasaron un poco desapercibidos, Hogar porque fue editado en medio de la crisis del 2000 y Lejos porque sólo se editó en España en 2002, y hoy tienen un extraño y ridículo canon de legendarios e incunables, pero para mí son el aprendizaje de cómo grabar y producir, y estoy muy orgulloso de ambos. Todavía puedo escucharlos, de vez en cuando, y sorprenderme de haber podido hacer discos tan lindos con tan poca experiencia y recursos.”
¿Cómo fue la transición entre Grand Prix y Rubin y los Subtitulados?
Artísticamente, aunque nunca me sentí restringido por estar en una banda, creo que no era lo mismo escribir canciones que representaran a cinco tipos que cuando uno lo hace por uno mismo. Quizás a nivel lírico hubiesen facetas de mi personalidad que no afloraban tanto en GP, como la ironía y la acidez, y me concentraba más en la melancolía y el desamor. Musicalmente, creo que ahora soy más directo y conciso, pero la raíz es la misma, la melodía sigue siendo la regente de todos mis actos musicales.

Influencia vital
Ahora nos ponemos densos y profundos: ¿Qué cinco discos representan momentos importantes de tu vida personal y musical?
¡Esta pregunta da para escribir un libro! Trataré de ser breve:
The Beatles, Rubber Soul. Demasiado inocentes todavía como para hacer Abbey Road, demasiado experimentados como para seguir haciendo Please, Please Me, este disco los encuentra en medio de la transición entre el pop adolescente y el rock universal, a punto caramelo. Es el sonido de los 60s antes de que devinieran en cultura, en movimientos pacifistas, en grandilocuencia. Los Beatles me llevaron hacia atrás, hacia Buddy Holly, Chuck Berry, Los Everly Brothers, Elvis Presley, a Burt Bacharach y a Simon and Garfunkel, The Beach Boys, The Kinks, The Who, Big Star y muchos más, y fueron el sonido de mi infancia, de mi adolescencia y espero del resto de mi vida.
Elvis Costello, Imperial Bedroom Cuando tenía 18 años y escuché “Verónica” por primera vez, me dije a mí mismo que en un par de años ese tipo me encantaría pero que todavía me faltaban escuchar otras cosas antes. Y cuando llegó el momento, me mató. Yo había entrado tibiamente en la New Wave con Police, pero Costello me marcó con su forma de cantar, con su sonido casi claustrofóbico, con sus armonías escalonadas. Me ayudó a encontrar mi propia forma de cantar. Imperial Bedroom es el primer disco en el que se aleja un poco de ese sonido que caracterizó sus primeros años, pero lo elijo porque tiene mi melodía favorita de todo el mundo en “You Little Fool”. Junto con este disco, recomiendo chequear “Look Sharp” de Joe Jackson, “East Side Story” de Squeeze y “Black Sea” de XTC.
Teenage Fanclub, Bandwagonesque Mi amigo Guido Starosta me prestó un cassette y me dijo: “Seba, esto te va a encantar”. Me lo llevé al dentista y estaba con la boca abierta y el torno apuntando a uno de mis molares cuando empezó a sonar “Metal Baby” y la mandíbula se me salió de lugar. Teenage Fanclub fue para mí la banda que me mostró la manera de hacer la música que había escuchado toda mi vida pero con guitarras fuertes, con un sonido actual. Y con ellos vinieron los Boo Radleys, Super Furry Animals, Supergrass, Arnold y toda una camada de bandas que me acompañaron durante casi todos los 90s.
Ben Kweller, Ben Kweller Humillante muestra de talento a la hora de tocar todos los instrumentos con una precisión y un gusto que apabulla. Este niño prodigio se reveló en el 2006 con un disco sin más pretensión que entretener y hacernos sentir bien, y me parece de lo más loable que se le puede pedir a un disco. Nunca lo saqué de mi Ipod y sigo disfrutándolo como el primer día. En una época en la que lo pomposo y deprimente abunda, este disco me sigue dando refugio y esperanza. Y a veces la vida basta para deprimirnos así que no veo nada de malo en buscar discos que nos hagan sentir bien sin caer en lo banal y superficial, y esa es una filosofía a la que adscribo a la hora de hacer música.
Magnetic Fields, 69 Love Songs Ya pasaron 10 años desde la edición de este disco triple y sigo escuchándolo regularmente. Es una obra maestra del pop clásico, de ese pop de Cole Porter y el Brill Building, pero releído en los 90s. Letras y melodías brillantes que hacen de cada una de las 69 canciones clásicos instantáneos. Junto con Wilco, los Webb Brothers, Cotton Mather y Travis, fueron la banda de sonido ideal de fines del siglo pasado y comienzos de este.
Aquí surge tu otro plan, Los Campos Magnéticos.
Es un proyecto que nació hace varios años en encuentros casuales en el estudio de grabación con Nacho (actual Onda Vaga, Doris en ese entonces) en los que tocábamos temas de Magnetic Fields. Al mismo tiempo, cada vez que componíamos algún tema con Fede Novick, terminábamos la sesión traduciendo alguna canción de MF. Y finalmente, en un concierto compartido con Alvy Singer, nos descubrimos mutuamente versionándolos. Así que era natural que en algún momento nos juntásemos a tocar sus canciones sin más en mira que divertirnos.
Eso devino, este año, en la idea de darle entidad al proyecto e hicimos un trabajo que no es muy común dentro del rock aunque sí más en el jazz o la música clásica: el estudio de un repertorio, de un artista. Por eso Los Campos Magnéticos no somos una banda tributo, no tratamos de reproducir al dedillo el sonido y la imagen de Magnetic Fields, sino que es un proyecto que tiene su origen en la admiración por ellos y que se desarrolló a modo de taller, de investigación de las formas musicales y líricas de Stephin Merrit adaptándolas a nuestras propias formas y a nuestro propio idioma. Seguramente devenga en un disco con muchos músicos y cantantes invitados.

Rubin y los Subtitulados se presentará en el Ciclo Molotov del CC Ricardo Rojas el 17 de Julio.
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Ultra – Ciclo Pop de Campeones | Buenos Aires | ||
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