
Dulzura degenerada
Hablar con Los Dulces es un viaje que enreda caminos de calentura rock, risas de humo y aventura musical. Podemos anunciarlos como unos extraños facinerosos, unos simpáticos embusteros que acuñaron un puñado de canciones degeneradas, festivas y amorosas para su primer disco, Sarandí (o todas las cosas), su cuna y gueto, capaces de ganar la confianza de Fabio Posca, dejarse cantar por Sergio Pángaro o tocar en el programa de Susana Giménez generando cierta empatía con la diva, salir airosos y sobrevivir al minuto a minuto para contarlo. También como unos malditos glam que, con el uniforme de piel humana todavía sin arrugas, no tratan de cambiar el mundo, sólo de divertirse; y eso, amigos indies, es el alivio arrogante que necesita el rock, aquí y ahora.

¿Cómo surgió el nombre del disco?
Julián (Voz y guitarra acústica): Sarandí es el barrio donde crecimos, de donde viene toda nuestra mitología, la de nuestros padres y abuelos. Creo que el primer disco de cualquier artista es el que representa su mirada del universo, o sea, su propio universo. Algo similar debe ocurrir con el escritor y su primera novela. Sarandí es un estado de la mente, o todas las cosas.
¿Por qué buscaron a Gonzalo Campos (ex guitarrista de Los Látigos, actual de Entre Ríos) para la producción?
El Vasco (Batería y otras percusiones): Era el único guitarrista con experiencia en el sonido Gibson que conocía. En un bar de Quilmes hablamos sobre nuestros gustos guitarrísticos y de las grabaciones del disco. Encontramos coincidencias y a la otra semana estaba mezclando (y todas las otras cosas) con nosotros.
¿Las colaboraciones fueron premeditadas o se dieron porque ciertos temas pedían algún un aporte externo, un color ajeno?
Julián: La verdad es que la grabación fue en un marco de relax y amistad (en la casa de la adorable familia Paravisi) y los mismos amigos con los que salimos en esas noches son los que grabaron en el disco. Sergio Pángaro debe ser la persona que mas nos apoyó y enseñó a lo largo de estos años y la verdad es que es un sueño cumplido que haya cantado una de nuestras canciones, y que, además, nos regale su amistad cada día. Todos los músicos que participaron coincidieron en ser gente muy divertida y en ser los artistas que más admiramos de la escena under local.
¿Cómo se dio la conexión con Fabio Posca?
Julián: Nuestro primer simple le llegó a la radio, le gustó y nos empezó a invitar a tocar a su programa de Rock and Pop. Nos morimos tanto de risa juntos que, supongo, eso hizo que confíe en nosotros para grabar las canciones de su espectáculo, Los quiero Muchísimo.
El Vasco: A El Gavilán se le ocurrió ensayar Mi torino colorado y Quien se ha tomado todo el vino para el programa radial de Fabio, He perdido mi malla. Creo que ese humor afirmó la relación.
¿Cuánto de comicidad hay en su música?
El Vasco: La música es la vibración del aire, te hace cosquillas por todo el cuerpo. En mi opinión hay que tener buen humor.
Julián: No separamos nuestra vida de nuestras canciones, el humor es la única religión que conocemos en profundidad. Olmedo sería Jesús y Benny Hill, Dios.
¿Cuáles son sus influencias de ayer y hoy?
El Vasco: De ayer, los Beatles; y de hoy Bob Dylan.
El Alemán (guitarras): Elvis, Cream, Pappo, Kiss, Funkadelic. Ayer y hoy se mezclan todo el tiempo. La nostalgia es algo que esta en toda nuestra música. Se puede decir que uno revive un pasado, mitad creado mitad real, y se conecta con un sentimiento muy personal que tal vez nunca sintió. La música rompe la barrera del tiempo.
Elijan un tema del disco para toda la familia, uno para el fan y uno para el desprevenido.
El Vasco: Motorhome Barbi, para el fan.
Julián: Las Flores del Mal (Parte I), para toda la familia. Lo subliminal de la letra pegaría mucho también en algunas zonas de San Francisco, según me contaron. Gotas que caen sobre asfalto caliente será nuestro primer corte, así que supongo que agarrará a todos desprevenidos (risas).
Tocaron en diferentes situaciones, desde bares clandestinos, festivales mainstream hasta en el teatro con Posca y en el programa de Susana Giménez, ¿qué experiencias quedaron?
Julián: Además de miles de anécdotas y personas increíbles que conocimos de tanto tocar y tocar, fuimos aprendiendo a generar nuestro clima, el estado caótico de show de los Dulces a pesar de los disímiles lugares en los que tocamos.
El Alemán: Supongo que el hacer un buen show implica un acuerdo tácito entre los músicos, un conocimiento casi instintivo lo cual nos deja sentirnos unidos y cómodos en cualquier lugar. Creo que esa es la manera de relacionarse verdaderamente con el público.

¿Qué onda Su?
Julián: Noté que le parecimos bastante bonitos o, al menos, simpáticos. Por supuesto que jamás podríamos competir con (Carlos) Monzón. Ni en entrega, ni en aguante, ni en dimensiones (risas).
Los Dulces presentarán Sarandí (o todas las cosas) –editado por Discos Wacalas y Los Alegres Comediantes- el 20 de noviembre en el Roxy de los Arcos, junto a Los Pulpos.



























































